
Mis jefes decididamente se están volviendo locos. Se pelean entre sí, y claro, el que tiene que sacar adelante sus contradicciones soy yo, con ayuda de mis compis, claro está. Solo no puedes. Con amigos, sí.
La última de sus bravuconadas ha sido el decirme que tengo que cogerme al menos 15 días de vacaciones en el período de jornada intensiva. Yo quiero irme a Argentina en Octubre - Noviembre, así que les he dicho que no. Con un par. Creo que la amenaza de cogerme un mes de permiso sin sueldo les ha hecho temblar las canillas, y van a ceder. Además he hablado con mi compi del comité de empresa, y me ha confirmado que no tienen ningún derecho a decirme cuándo tengo que cogerme las vacaciones. Así que no me voy a apear del burro. Ni de coña. Que ya está bien, hombre!
Por otro lado estamos con el agua al cuello. Tengo que programar como media tonelada de código y con unas especificaciones inexistentes y unos requisitos más volátiles que el cloroformo. A veces me dan ganas de escribir un libro con estas anécdotas laborales, como hizo Alfredo de hoces, pero luego desecho la idea. Tendría que revivir esta amarga agonía de nuevo! De eso ni hablar.
Prefiero dedicarme a pensar en el teatro, la literatura, la música, mi chica, y mis pajas experimentales con moscas. Y el trabajo de 8 y media a 18. No more.
Una de las actividades que me están ocupando la mente es la barbacoa que estoy organizando para celebrar mi cumpleaños. Este año va a ser de los más multitudinarios. Por el momento hay unos 20 confirmados, y es muy posible que la cifra suba. Peazo fiesta la que se está montando! Ay, espero que no se desmadre mucho la cosa.
Qué miedo me está dando.